Huracanes más lentos, mayor riesgo.

El cambio climático hace más lentos los huracanes, y no es una buena noticia

Los huracanes, tifones y tormentas tropicales ya son bastante destructivas como para que el cambio climático los haga aún peores. Pero si los está haciendo más lentos… ¿cómo puede hacerlos aún más destructivos? Esto es lo que se explica en un artículo reciente.

Ejemplo de la destrucción causada por el Huracán Harvey en agosto del año 2017 (AFP / Mark Ralston)

Empezando por lo básico, tenemos que entender que denominamos huracán a un ciclón con vientos de 120 kilómetros por hora o más. Simplificando mucho la cosa, estos vientos se producen cuando existen dos masas de aire cercanas con presiones muy distintas. De hecho, todos los vientos se producen por este motivo.

Las presiones tienden a igualarse, y para ello las masas de aire se mueven. Si en el proceso se aceleran hasta llegar a las velocidades apropiadas, pasan a denominarse huracanes. Hay muchos más matices, obviamente, pero con esto podemos seguir profundizando en el artículo.

¿De dónde vienen las diferencias de presión? Hay muchos factores, pero el que nos interesa es el que tiene que ver con el cambio climático: las diferencias de temperaturas.

El aire –como el resto de fluidos– tiene diferente densidad a distintas temperaturas, lo que se traduce en distinta presión.

Y de aquí viene el hecho de que los huracanes se estén haciendo más lentos. El planeta en su conjunto, y por lo tanto la atmósfera, ha aumentado su temperatura media. Por ello, las diferencias de presión se hacen menores.

En el artículo, de hecho, se comparan datos de los últimos 67 años. Y se puede comprobar cómo los huracanes han perdido, de media, una décima parte de su velocidad. Que puede parecer poco, pero tiene una gran importancia.

Aquí es donde llega el factor destructivo. Porque a primera vista pensaríamos lo contrario: huracanes más lentos deberían provocar menos daños. Y si bien esto es cierto, también lo es que como los huracanes son más lentos, permanecen más tiempo en cada punto.

De ahí viene el aumento en su capacidad destructiva. Los vientos han perdido algo de velocidad, pero siguen estando por encima de 120 km/h. Si no, no serían huracanes. Y a esas velocidades, tienen energía de sobra para afectar a las construcciones humanas y a los componentes naturales del entorno.

Las conclusiones del artículo, eso sí, no están exentas de críticas. Algunos climatólogos plantean que tal vez se estén llevando demasiado lejos y que la capacidad destructiva apenas se ve modificada. Pero otros expertos, y sus modelos climáticos, lo respaldan. Así que, por nuestro bien, deberíamos estar pendientes.

Utilizamos cookies para personalizar la experiencia de nuestros lectores. Aviso de Privacidad Aceptar Leer más...